
Enclavado en el centro del estado de Michoacán entre las montañas de la Sierra Madre Occidental, ante el esplendor del lago y sus islas, las particularidades de los pueblos vecinos, así como la presencia activa de la población indígena purépecha, hacen del pueblo colonial de Pátzcuaro y de sus alrededores, un auténtico museo vivo, un maravilloso destino cultural y turístico.
Pátzcuaro debe su carácter encantador, a su origen indígena, al lago y sus islas, a la notable conservación de sus monumentos arquitectónicos, a la riqueza de sus edificios religiosos, al misterio de los vestigios prehispánicos. Así como a la belleza de los paisajes que forman la meseta y al trato amistoso de la población.
Desde la parte alta de la vieja ciudad, la renombrada Basílica de Nuestra Señora de la Salud, lugar de milagros y peregrinaje, construida en 1540, vela sobre los moradores y las numerosas iglesias y conventos que embellecen el valle que conduce a Morelia.
En el corazón del Centro Histórico, un enorme jardín rodeado de magníficos portales forma la Plaza Vasco de Quiroga, la plaza colonial más hermosa del país. Muy cerca, la "Plaza Chica", que lleva el nombre de la heroína revolucionaria Gertrudis Bocanegra, nos ofrece los placeres de caminar sin rumbo entre la agitación del mercado, pletórico de olores y colores.
Los indígenas purhépechas, artistas de tradición, producen artesanías de lo más variadas: telares, cobre, madera, piedra, cerámica.
Entre las múltiples celebraciones, destaca el maravilloso ritual indígena de la Noche de Muertos, el 1° de noviembre.
No puede perderse la visita-peregrinación al pueblo de San Juan Parangaricutiro, sepultado durante la erupción del volcán Paricutín en 1943. La cabalgata a la cima y el descubrimiento de los paisajes en lo alto del volcán extinto hacen de este paseo-expedición una jornada extraordinaria.